Mi querida España (Mercedes Moncada, 2015)

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Mi Querida España esta España mía, esta España nuestra, la que ni de lejos es la España tuya es la España vuestra. La de los safaris y las cacerías en la gran puñeta. Mi querida España, esa España buena y no la del coleta. Reyes y banqueros, jueces y empresarios vamos a una finca, y entre tiro y tiro vienen concejales para ver que trincan. Llegan con contratos para montar un casino y para montar autovías, y nosotros a cambio le montamos el piso para la querida. Tanto monta y monta, es lo que llamamos una montería.

(…)

Ya tenemos otra vez aquí a los dos españolitos, el que va de montería y el que va de montaditos. Yo soy la España de Blesa y de Botín, de duquesas y de infantas, la del palco del Madrid, soy la España de postín, de pandereta y charanga. Del pequeño Nicolás, “La escopeta nacional”… ¡Soy la España de Berlanga!

La novia (Paula Ortiz, 2015)

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Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera. Y tu hijo era un poquito de agua del que yo esperaba hijos, tierra, salud… Pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de los juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, pero el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego…

Nueve cartas a Berta (Basilio Martín Patino, 1965)

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Siento una especie de vacío. Como una sensación de que algo se ha roto irremediablemente. Como si toda la vida me la hubiera pasado en babia. No sé explicarte… pero me da una rabia brutal. Impotente que siendo los dos tan iguales y de la misma edad hayamos vivido en el mundo durante los mismos años una vida tan diferente, tan distintamente aprovechada y sin remedio. Ahora por lo menos sé que existes. Berta, aunque estés tan lejos, no sé si esto va a hacernos feliz o será mi desgracia. Te quiero, ¿sabes? te quiero aunque nunca haya llegado a decírtelo tan abiertamente, tan necesitadamente…